Ya están puestas nuestras almas para
buscar en las calles -que tantos siglos se
callan- esa luz que, tras de sí, traerá el
cortejo de los días que forman esa Semana
por la que todas las demás existen

domingo, 31 de octubre de 2010

La Calle Feria se viste de largo


Ha estado siempre en el mismo sitio y en las mismas horas. A las horas en las que la gente de la calle Feria ha necesitado el consuelo de su mirada baja o ha venido buscando el nácar de su rostro ladeado o algún Avemaría de los rosarios que cuelgan en sus manos, en su cintura, en sus varales. 450 años sin moverse de su sitio. Cuatro siglos y medio anclada en el corazón de uno de los barrios más populares, con las puertas siempre abiertas como si de un zaguán de la calle se tratara. Porque la Virgen del Rosario ha sido y es, además de una bella representación de la Madre de Jesús, una vecina con la que poder compartir confidencias penas y alegrías, el símbolo de esa ciudad vieja y sabia con olor a alhucema que aún permanece en la raya imperfecta de la calle que comienza con la Amargura y termina cerca de la Macarena.

En el conjunto de las cofradías de la ciudad, Montesión ha sido la sonrisa del Jueves Santo; esa hermandad popular que con su olivo y su palio blanco permitía que los relojes –esos que hoy le ofrecen una hora de más- regresaran al Domingo de Ramos; en medio de la pena morada por saber que se está acercando la hora de las tinieblas, de la calle Feria llegan los dos galeones que colocaban todo como al principio del tiempo del gozo.

 
Este domingo de 25 horas que será cuando la Virgen del Rosario en procesión ponga el broche de oro a las conmemoraciones de su 450 Aniversario fundacional, es necesario poner de manifiesto el valor de ese carácter popular y esa personalidad propia y definida que Montesión no ha perdido ni siquiera en los años de zozobra y de tensiones que estuvieron a punto de llevarla a un estado de suspensión. Han sido ellos, tal cual. Sin imposturas, sin necesidad de parecerse a otros, levantando la cabeza bien alto, orgullosos de su manera de ser. De esta manera, preservando su personalidad han llegado a la hora jubilar del 450 Aniversario inaugurando un tiempo nuevo que deja atrás los malos momentos vividos; tiempos en los que en ningún momento y pese a las turbulencias han dejado de ser la sonrisa del Jueves Santo.
Hoy a su hermano mayor, Rafael Buzón, artífice en parte de esta normalización y a toda la cofradía han que desearles lo mejor por un aniversario muy bien cumplido. Quizá estos versos de Neruda sean la mejor manera de decirles felicidades:

 
Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.


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